El sobreviviente - Episodio 1
by Red Toberman
Acá arriba, siempre está oscuro.
El aire se siente tan enrarecido que apenas puedes respirar.
Y si eso no llega a ti...
Las temperaturas bajo cero lo harán.
Max y yo subimos a la montaña.
La nieve cruje bajo nuestros pies.
Charlie y Rebecca se fueron hace 3 días.
Desde entonces, no hemos sabido nada de ellos.
No pueden estar tan lejos.
Según el mapa...
Deben estar a una milla de altura.
A una milla de altura...
Cada milla se sienten como 10.
Y honestamente, estoy empezando a preocuparme.
Se supone que tenían que mandarnos un mensaje por radio.
El plan era simple:
Harían un campamento base...
Y luego, nos uniríamos a ellos.
Juntos, subiríamos hasta la cima.
Incluso para escaladores con experiencia...
Es un recorrido intenso.
En esta montaña, las tormentas de nieve pueden ser mortales.
Hace 20 años, se estrelló un avión.
Todavía está enterrado en alguna parte de aquí...
Lleno de cadáveres congelados.
¡Ahí está la casa de campaña de Charlie!
Más adelante, veo el campamento base.
¡Gracias a Dios!
Mis pies se están entumeciendo.
¡Los míos también!
Encenderemos una fogata.
Nos dirigimos hacia la casa de campaña.
¡Eh, chicos!
¡Llegamos!
Bajo el cierre de la casa y miro dentro.
¿Hola?
Está completamente vacía.
¿Dónde están?
¿Quizás están explorando por ahí?
La casa de campaña dice algo distinto.
El lugar es un caos.
Las bolsas de dormir están esparcidas.
Las raciones se quedaron atrás.
Y entonces la veo:
La bota de montaña de Rebecca.
Dios mío.
Max...
La señalo para que la vea.
Esto no tiene sentido.
Comienzo a temblar.
¿Qué está pasando?
Max me toma de los hombros.
Este no es el momento para entrar en pánico.
Necesitamos calmarnos.
Estoy seguro de que están bien.
¡No parece que estén bien!
Sigamos avanzando.
Buscaremos pistas.
Salimos de la casa de campaña.
El viento está aumentando.
Se está haciendo difícil ver.
¡No veo ninguna pista!
Hay demasiada nieve.
Aquí, toma mi mano.
Me aferro a su guante.
Todo lo que nos rodea se vuelve blanco.
¡Debemos volver a entrar!
Volteamos a ver la casa.
Pero es demasiado tarde.
El viento aúlla...
Los postes son arrancados de la superficie.
De pronto, la casa se va volando.
Desaparece en el remolino.
¡Oh!
¡¿Qué hacemos!?
Una ráfaga de viento me levanta del suelo.
Golpeo el suelo con fuerza.
¡Max!
Me acerco para tomar su mano.
¡Espera!
Lo tiran al suelo.
Me arrastro con desesperación hacia él.
El granizo cae disparándome en el rostro.
Apenas puedo ver a dónde voy.
La nieve empieza a acumularse sobre mí.
Puedo escuchar que Max grita.
¡Ahhhh!
¡Dónde estás!
¡Qué sucede!
Entonces, escucho algo...
Algo que está terriblemente mal.
¡Aléjate de mí!
¡QUIÉN ERES!
¡Ahhhh!
Sus gritos se desvanecen hasta que...
¡MAX!
Me quito la nieve...
Luchando con todo lo que tengo.
Las lágrimas se congelan mientras corren por mis mejillas.
¿Qué está pasando?
Tengo que seguir adelante.
La nieve disminuye progresivamente...
Y mi visión se despeja.
Max desapareció.
No está en ningún lado.
¡Hola!
¡Alguien!
Agacho la cabeza con desesperanza.
No tengo un mapa...
Ni suministros...
Ni esperanza...
Y entonces, lo veo:
El guante de Max.
Y a un lado, excavo en la nieve...
Hay huellas de zapato.
Se dirigen hacia la parte de arriba de la montaña.
Tengo que seguir adelante.
Puede haber cualquier cosa adelante.
Saco mi piqueta.
Puedo hacerlo.
Voy a encontrar a mis amigos...
Aunque sea lo último que haga.
Subo lentamente por la montaña.
Mi corazón late con fuerza.
Sigo las pistas hasta una pendiente.
Desaparecen directo en una cuesta nevada.
Hay algo que anda mal en esa cuesta.
Hay un brillo plateado...
Y es largo y cilíndrico...
Dios mío.
Es un avión.
Debe ser el que se estrelló...
Hace casi 20 años.
Sigo más de cerca las pistas.
Huelo algo.
Huele como a fuego ardiendo.
Tiro de la puerta de metal del avión.
Es muy pesada y fría.
Cruje al abrirse.
Entro al avión oscuro.
Casi no puedo ver nada.
Enciendo mi lámpara frontal.
La luz ilumina uno de los asientos.
Ahogo un grito.
Veo a un pasajero muerto...
Congelado...
Todavía está atrapado en su asiento.
Es la cosa más horrible que he visto jamás.
Luego, hay un sonido que viene de la cabina.
Algo está cambiando.
Por un segundo, no puedo moverme.
Pero no puedo dejar que el miedo me invada.
Levanto mi piqueta en el aire.
Paso fila tras fila de cuerpos congelados.
Sus rostros están cubiertos de hielo...
Atrapados en expresiones de gélido terror.
Me acerco a la cabina.
Los asientos de aquí están vacíos...
Como si los cuerpos se hubieran ido.
Y entonces escucho...
¡Ava!
¡¿Eres tú?!
¿Rebecca?
Su voz es música para mis oídos.
¡Ayúdame!
Está atada al asiento del piloto.
No hay señales de que haya alguien más.
¡Él es un monstruo!
¡Se volvió loco!
¿Quién es él?
Rebecca rompe en llanto.
Charlie está muerto.
Él se lo COMIÓ.
Mi corazón se contrae.
¿De qué estás hablando?
¿¡Quién!?
Mira mis ojos vidriosos.
El sobreviviente...
¿Dónde está Max?
Tomo mi piqueta y suelto a Rebecca.
¡Sígueme!
Abre la puerta de salida a patadas.
El humo negro sube hacia el cielo...
La fogata ruge.
Max está acostado a un lado, atado y amordazado.
¡Max!
Corro hacia él y lo libero.
¿Estás bien?
Él mira mi hombro...
Dejo salir un grito ahogado.
Siento un aliento cálido en mi cuello.
¡Cuidado!
Me doy la vuelta para ver...
Un hombre que parece más un animal.
Su rostro está oculto...
Su cabello y barba están llenos de nieve.
Sus ojos son salvajes.
Gruñe.
¡Ahh!
Me empuja al suelo.
Mi piqueta cae en la nieve.
Toma a Rebecca del brazo...
Y la muerde.
¡AYUDA!
Busco mi piqueta con desesperación.
La encuentro.
El hombre muerde aún más.
La sangre sale de su boca.
Arremeto contra él con un movimiento salvaje.
La piqueta se hunde en su espalda.
Suelta un alarido de dolor, golpeando el suelo.
¡Vámonos!
Rebecca, Max y yo nos vamos.
Corremos por nuestras vidas.
El hombre grita detrás de nosotros.
Bajamos la montaña...
Tomándonos de las manos.
Hay oscuridad por todas partes.
Pero juntos...
Lo lograremos.
Al menos no estamos solos.
No como el sobreviviente.
Que todavía está arriba...
Con los extraños congelados como su única compañía...
Esperando por convertirse en su comida.
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